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jueves, 7 de noviembre de 2013

Los porongos "malditos" de la política fueguina

Para algunos políticos fueguinos el mate es mala palabra, como los sueldos de los Intendentes.

Sabido es que el mate y los dirigentes políticos van de la mano como uña y mugre; culo y calzón; Simon&Garfunkel (?). 

Este legendario brebaje, cuyo origen también intentan apropiarse los uruguayos (hasta ahora sólo está confirmado que acuñaron el nombre Washington antes que el resto del Mercosur) acompaña a los políticos desde épocas remotas. El mate une; alimenta y educa, como el radicalismo.

Sin embargo, en la política fueguina el mate ha sido motivo de grandes desgracias, razón por la cual ya no es habitual ver a candidatos tomando mates para la foto. Ahora el mate es tabú entre quienes aspiran a representar al Pueblo.

Los motivos de este alejamiento entre tradición y política tuvo su primer desgraciado episodio con dos ex gobernadores, de innegable apego al porongo en caminatas, recorridas de barrios y campañas electorales.

Jorge Colazo y Hugo Cóccaro consumían enormes cantidades de yerba mate. A punto tal que, en algún momento de sus fallidos mandatos (uno destituido y el otro evitado por el electorado) sus colaboradores no descartaron pedir asistencia profesional por el grado de adicción al mate. "Cuando Jorge arrancaba con el mate se podía tomar entre 14 y 18 pavas por día", recuerda uno de los pocos ex funcionarios del gabinete colacista que no conoció aún la sede del Poder Judicial.

"Muchas veces, cuando había que tomar decisiones importantes, le pedíamos que no lo hiciera bajo los efectos del mate, porque encima los tomaba amargos como galleta de hospital (?). Pero él no nos daba bola...y a decir verdad tampoco nos tiraba un matecito en las reuniones de gabinete", rememoró.

Tras su destitución, fuentes consultadas por Pueblo Chico aseguran que Jorge atribuyó su mala suerte política al mate, y decidió entonces eliminarlo de su dieta. Las mismas fuentes aseguran que el Megapase (que permitió el ingreso de 5 mil personas al Estado) fue una decisión que el Mostro resolvió bajo los efectos de tres kilos de Nobleza Gaucha, sin palo.

Para Hugo Omar, los resultados tampoco fueron los mejores. "Huguito no tomaba más de dos o tres pavas de mate, pero elegía el porongo más grande y lo cargaba con tres cuartos de kilo de yerba. Era impresionante, porque un sólo mate le podía durar entre seis y siete horas", detalló un ex colaborador que también zafó de la celda, y que tira otro dato que no tiene el menor valor histórico: "El porongo de Hugo cargaba litro y medio de agua y estaba revestido con pelo de potrillo".

"Cuando perdió las elecciones con Fabiana Ríos, Hugo dijo que eso había pasado por distraerse tomando mates en campaña en lugar de comentar sus propuestas", por lo que también decidió alejarse de la ingesta de la yerba mate y también de los triunfos electorales (?). 

El caso del intendente Claudio Queno quizás sea el más paradigmático de los presentados en este artículo. Ganó las dos veces que se postuló a Intendente, pero gobierna Tolhuin, y eso ya es una desgracia, tome o no tome un puto mate.

El próximo artículo, redactado con menos ganas, mostrará todo lo contrario. Porongos mágicos, bendecidos por la suerte electoral, que garantizan bocha de triunfos. Es el caso de los recientemente electos Senadora y Diputado, Rosana Bertone y Martín Pérez respectivamente. 

A ellos, los porongos les sonríen en las urnas; los maniquíes les guiñan; los semáforos les dan tres luces celestes y las naranjas del frutero de la esquina les tiran azahares (?).