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lunes, 1 de agosto de 2011

"Somo' unos maestros", dicen desde la industria

Como un virus que todo lo destruye, la industria electrónica fueguina se expande a pasos agigantados sobre la sociedad, acaparando espacios y costumbres que nos pertenecen por derecho. 

No conforme con alejar a cientos de jóvenes de sus vidas de jarana y familia, ahora la devoradora industria de Tierra del Fuego seduce a cientos de docentes de todos los niveles para dejar el oficio que tanto aman (?), obligándolos a canjear guardapolvos blancos por otros azules; rojos y hasta celestes. 

"No podemos hacer nada para evitarlo", dicen los maestros que preferirían seguir dedicando su vida a educar niños a cambio de míseros salarios. "La industria es muy poderosa, y la verdad tenemos miedo por nuestros familiares", explican durante la hora del almuerzo, temerosos de que algún supervisor los descubra hablando con la prensa. 

Nadie quiere hablar de este tema, pero todos saben que los docentes son forzados a ocupar líneas de ensamblaje durante largas horas, y algunos ya han comenzado a padecer las secuelas. Ganan enormes salarios, pero extrañan las aulas. 

"Me pagan un sueldo cochinamente obsceno, es verdad, pero no tengo otra salida que gastarlo porque sino castigan a otra persona por mi culpa, dándoles más horas extras. Quiero que mi familia en el norte sepa que esta es una vida de mierda, no se la deseo a nadie", llora. Casos como éste se mutiplican a diario. 

En las escuelas, el panorama es desolador. Miles de niños descubren, cada mañana, que la "seño" fue abducida por la industria electrónica, y que ya no volverán a verla. Los sociólogos llaman a esta generación de alumnos como "Los huerfanitos Motorola", ya que fue a partir del anuncio de fabricación de teléfonos móviles de esa marca, que este fenómeno desató la debacle en la educación fueguina. 

Es tiempo de reflexionar, compañeras y correligionarios. Tiempo para evitar que las electrónicas todo lo corrompan y rescatemos lo poco que nos queda de identidad. 

De lo contrario, pronto tendremos noticias de médicos que armarán tablets y olvidarán operar; o policías que serán hábiles para soldar aires acondicionados pero no recordarán cómo preservar una escena del crimen. 

Nos encaminamos al fin de la sociedad como tal. Después no digan que nadie les avisó (?).