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miércoles, 30 de noviembre de 2005


CRISIS DEL TRANSPORTE PÚBLICO Y AÉREO EN LA PROVINCIA
Desventuras de un fueguino en “La isla de la Fantasía”

En Tierra del Fuego, las quejas de los usuarios en relación al transporte público de pasajeros se suman a los ya habituales inconvenientes que deben atravesar quienes pretenden tomar un vuelo hacia el norte del país. Las soluciones por parte de las autoridades se demoran, complicando la movilidad cotidiana de miles de fueguinos.

Quienes recuerden a la inolvidable serie norteamericana “La Isla de la Fantasía”, emitida entre 1978 y 1984, coincidirán en que el personaje más popular de aquella historia no fue ni será precisamente el protagonista Ricardo Montalbán sino su pequeño y fiel ayudante “Tattoo” (Tatú en criollo) que, al comienzo de cada episodio, levantaba su mirada hacia el cielo y con profunda emoción comenzaba a gritar: “El avión, el avión”.
Esta era la célebre frase de Tatú que indicaba la llegada de nuevos visitantes a la isla paradisíaca, ubicada en algún lugar del océano Pacífico, donde el anfitrión Roberto Montalbán cumplía toda clase de deseos a sus invitados a cambio de ingenuas lecciones de vida.
Si Tatú viviera hoy en Tierra del Fuego, su grito de algarabía no estaría exclusivamente dedicado a la llegada de un avión.
De hecho, el diminuto personaje tendría en nuestra provincia la posibilidad de expresar además su emoción gritando por un colectivo, un taxi o un remís.
La crisis del transporte público fueguino, en todas sus modalidades, no es un tema reciente para los medios de comunicación y mucho menos lo es para los usuarios.
En Río Grande, las quejas por las deficiencias en el transporte público de pasajeros son tan cotidianas que lamentablemente los medios de comunicación ya no lo consideran un tema destacado entre sus páginas y por ende, los responsables de garantizar que se preste un buen servicio a los usuarios lo descartan de su agenda política inmediata.
Existe aún, por parte de algunos funcionarios, la extraña teoría de que todo aquello que no publican los diarios no afecta la imagen positiva de una gestión o de una determinada área, por lo que el rol de los medios en la actual crisis ha sido y será fundamental en tanto y en cuanto asuman la gravedad de los problemas que atraviesa la comunidad.
En uno de los últimos relevamientos realizados por la Municipalidad de Río Grande sobre la calidad del transporte público, los riograndenses confirmaron para las estadísticas y sus más devotos seguidores que el servicio de colectivos ni siquiera merece el calificativo de “pésimo”.
A principios del mes de noviembre, diferentes medios escritos publicaron los resultados de la encuesta en la que se estableció, por ejemplo, que el tiempo promedio de espera para un usuario de colectivo es de 18 minutos durante el día, mientras que el lapso asciende a 22 minutos en horas de la noche. Podría uno imaginarse que si Tatú viviera en Tierra del Fuego, lejos de festejar la llegada de un colectivo reclamaría la urgente aparición de una ambulancia ante un principio de hipotermia.
Desgraciadamente, no se trata en este caso de lo que debería atravesar un personaje de ficción como Tatú sino lo que miles de usuarios padecen a diario, tolerando situaciones absurdas y permanentes como, por ejemplo, el paso de dos colectivos que realizan el mismo recorrido o la desconsiderada decisión de cargar combustible con pasajeros a bordo como si el tiempo de quien utiliza un colectivo no valiese absolutamente nada.
De acuerdo a la misma encuesta realizada por el municipio a través de una consultora privada, los indicadores sostienen insólitamente que “la gente no sabe muy bien qué es lo que quiere del transporte público de colectivos porque un 20% no sabe, no contesta, un 17% pide más unidades, un 14% más frecuencias; un 6,4% más paradas y un 30% otros reclamos, difusos”.
Cuesta creer que en los resultados de dicha encuesta un (sorprendente) 20 por ciento de la población no sepa muy bien qué es lo que quiere del transporte público, pero ya lo dijo alguna vez George Bernard Shaw, escritor irlandés: “La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno”.
Existe además, para los encuestadores, un 30 por ciento de la población encuadrada bajo el concepto de reclamos difusos, adjetivo que bien podría interpretarse ha sido utilizado para restarles importancia a las quejas y que a su vez plantea una inquietud tardía: si la gente encargada de realizar la encuesta, a los que suponemos profesionales, no replantearon las preguntas de sus cuestionarios ante un contundente 30 por ciento de reclamos difusos para poder categorizarlos correctamente, estaríamos hablando entonces de una notable impericia o, en el peor de los casos, de una evidente intención de no formular las preguntas correctas.
Como se dijo anteriormente, se suele creer – y con razón en la mayoría de los casos- que aquello que no es noticia en un diario tampoco lo será en la agenda política de un funcionario. Aplicado a las encuestas, podría afirmarse que un alto porcentaje de reclamos difusos no es materia de preocupación precisamente porque no se sabe qué es lo que quiere esa porción de la sociedad.

¿El Fin del Mundo y los reclamos?

Por su parte, en la capital de la provincia la crítica situación del transporte urbano de pasajeros tampoco parece haber menguado. Los usuarios mantienen sus quejas respecto al el incumplimiento de los horarios por parte de las empresas del servicio de colectivo, así como la falta de higiene en las diferentes unidades y las constantes infracciones de tránsito que los conductores cometen.
Sin embargo, en la última sesión del Concejo Deliberante se aprobó un proyecto de ordenanza elaborado por el Frente de Unidad Provincial que propone la habilitación de una línea telefónica del tipo 0800 para recibir todas las denuncias y quejas relacionadas con el transporte público.
Asimismo, el proyecto contempla la creación de un formulario en la pagina web de la municipalidad en la que el denunciante podrá dejar sus datos y señalar el vehículo (sea taxi, remís o colectivo) que haya incurrido en una falta. Si las quejas son reiteradas e involucran a una misma empresa o unidad, se procedería a la aplicación de sanciones tal como está previsto en los contratos y que implican hasta la suspensión parcial o total de la licencia.
Hasta su puesta en marcha efectiva, que dependerá exclusivamente de la decisión del Ejecutivo municipal de acompañar o vetar la normativa, se trata de una de las propuestas más viables para establecer un régimen de multas a quienes deben garantizar la prestación de un servicio elemental para un importante sector de la población que lejos está de cumplir el sueño del automóvil propio y depende inevitablemente del transporte público.

No voy en tren ni en avión

Si las dificultades son constantes en los medios de transporte internos, las probabilidades de viajar hacia el norte del país en un vuelo de Aerolíneas Argentinas se asemejan a las chances que tiene un fueguino de ganar el “Telebingo”.
Días atrás, desde la sucursal de la empresa aérea en Río Grande, confirmaron que no habrá plazas disponibles hasta el próximo 11 de enero de 2006. En Ushuaia, aunque la demanda local también ha sido importante, arriban durante la temporada estival una mayor cantidad de vuelos que estarían en condiciones de satisfacer dicha demanda.
De manera arbitraria, tal como lo denunciara el concejal del ARI Gustavo Longhi, la aerolínea ha dejado de contemplar la denominada “tarifa residente”, beneficio que por ley debería garantizar la posibilidad de los fueguinos de acceder a un pasaje económico. Las autoridades aeronáuticas prometen multar a la firma, pero ninguna multa puede reparar los inconvenientes que el monopolio de la empresa genera a quienes necesitan viajar y no pueden hacerlo más allá del abultado presupuesto que esto implica. Asimismo, es un hecho que Río Grande no volverá a escuchar el aterrizaje o el despegue de dos vuelos diarios.
El precio de vivir una isla que los fueguinos consideramos “paradisíaca” por la majestuosidad de sus recursos naturales se contrapone con rudeza a los pequeños infiernos cotidianos que toleran los usuarios del transporte público y que generalmente nunca reflejan los números de una encuesta.
Las soluciones de fondo a esta problemática siguen, literalmente, bien en el fondo.

domingo, 27 de noviembre de 2005


Entre las numerosas desventajas que debe soportar Tierra del Fuego por su condición insular, algunas de las cuales pueden afectar seriamente a quienes la habitamos (sólo mencionaremos la escasa frecuencia de vuelos hacia el norte del país), existen además pequeños inconvenientes que si bien no implican una desgracia para nadie nos recuerdan que estamos muy lejos de todo...incluso de los envíos.

sábado, 26 de noviembre de 2005


Gabriel García Márquez dijo alguna vez que el periodismo es "el mejor oficio del mundo" y razones no le faltan, pero decir que uno es periodista no se asemeja a sentirlo.
La preparación académica ofrece todas las herramientas necesarias para adquirir las capacidades y los conocimientos y facilita el acceso a material de lectura que no obtendríamos de otra manera.
Sin embargo, la pasión por el oficio llega con la práctica y la realidad, como se sabe, derriba todo aquello que uno creyó haber aprendido del periodismo.
Superado el golpe inicial, se puede hacer periodismo sin negar los acontecimientos.
La manera de lograr hacerlo corre por cuenta de cada uno.
Existen periodistas, existen mercaderes y personas que destruyen la profesión.
"Pueblo Chico Infierno Grande" es un espacio reservado a la crítica en todas sus modalidades, al aburrimiento y el desconocimiento. A los interrogantes absurdos y a las respuestas a medias. A la duda y la certeza, al descreimiento y la indignación. A marcar errores propios y ajenos buscando lograr así una necesidad diaria de mejorar nuestras herramientas.
Y a la Libertad de Expresión.
El periodismo es un poco de aquello y lo otro, pero no es nada sin el derecho a opinar.

miércoles, 23 de noviembre de 2005

Cada pequeño rincón de la ciudad esconde sus secretos y sus pequeñas tragedias cotidianas. Nuestra ciudad, que nunca dejó de ser un Pueblo, conoce en mayor y menor medida los dolores diarios de cientos de fueguinos que puertas hacia adentro ríen, lloran, envidian o lastiman por la simple necesidad de sentirse buenos en algo.
Hay buena gente por las calles, pero son más aquellos de los que no se puede esperar absolutamente nada agradable.
Un pueblo chico siempre será un infierno Grande