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sábado, 3 de diciembre de 2005


La histórica destitución de Jorge Colazo será dentro de un año el tema de tapa en algunos medios escritos, reseñas en algunas radios y quizás hasta un suplemento dominical de esos que dan consejos sobre cómo planchar la manga de un guardapolvo sin morir en el intento.
Pasado el primer aniversario y los recordatorios, Colazo será tema del pasado.
Sin embargo, la decisión adoptada por la Legislatura (no muy santos de la devoción de nadie excepto de sus asesores) debería convertirse en un recuerdo diario de la clase política.
De hecho, junto a las fotografías familiares que adornan sus escritorios deberían poner una foto de Jorge Colazo con la leyenda: "No me imites porque te van a rajar".
Desde hoy y hasta que la Antártida se derrita sobre nuestras cabezas, todos los personajes de la política y sus futuros vástagos podrán correr la misma suerte (nuestra suerte en realidad).
El castigo no ha sido sólo para Colazo y su entorno.
El fracaso no es ajeno cuando de política hablamos.
Fracasaron los políticos, pero fundamentalmente cada uno de nosotros como ciudadanos.
Ya conocen la frase: "El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan". (Arnold Toynbee, historiador inglés)